lunes, 14 de agosto de 2017

Hasta pronto, maestro

Los duros momentos previos a jugarse la vida... | El País

El tic, tac incesante del reloj no detiene la triste y cruda realidad. Pasadas unas horas, aún cuesta creer la veracidad de la retirada de Morante de la Puebla. No resulta agradable escribir en semejante contexto, en primer lugar, por la mejorable situación personal del protagonista; segundo, por mi arrebatada filiación morantista, completa garantía de subjetividad en lo aquí redactado; y, tercero, por cómo llegó la noticia a mis oídos: regresando de El Puerto, su última corrida (a día de hoy). En este rincón, pensaba teclear más bien poco sobre Morante, mi torero, como se tilda al diestro fetiche de cada aficionado, pero la irrupción de la noticia han desencajado las rotativas y mis ganas de ajusticiar (bajo mi prisma de opinión, constancia quede) a una figura harto incomprendida. Si esperan análisis u opiniones, ya sean comedidas o fundamentalistas, dañinas o críticas constructivas, perdónenme la osadía: márchense a otro lugar. Esto no va a pasar de un gazpacho de sentimientos, pareceres y párrafos de sinceridad bilateral, entre él, quien transmitió tanto (alegría y tristeza), y yo, quien soñó tantas tardes, en horas previas, con la faena encumbrada.

En estos últimos años, he acudido al tendido, cada vez que el bolsillo daba permiso, a ver al maestro José Antonio en algún que otro lugar: La Maestranza (entre diez y quince veces), El Puerto de Santa María (la fatídica tarde), Badajoz, Huelva, Málaga, Valencia, Zafra y algún coso restante de segunda o tercera categoría. No de callejón en callejón, actitud sumamente reproducida entre muchos defensores de la tauromaquia de postureo, quita y pon, de foto en la prensa y escaso paso por taquilla. Esto es, ser reprochad, por mi filiación taurómaca, por alguien que no paga su papel religiosamente, entre una cosa y otra, me produce desde indiferencia hasta risa. ¿Acaso no existe mayor criterio para juzgar que el del aficionado pagando su entrada?

Grandes agoreros estiman cosa de meses, reapareciendo la próxima temporada. Ojalá sea así. Sólo él sabe si, la de ayer, será la última de su dilatada carrera. Con el background (dos retiradas y tantas reapariciones, hace algún tiempo), el aficionado puede esperar cualquier cosa. Los genios son imprevisibles, para lo bueno y lo malo. Morante, manquerrabien muchos, pertenece a esa categoría: tocado por la varita mágica, el polvo divino, las gotitas de arte. Hasta los grandes detractores del maestro cigarrero sucumben a su torería y ejecución personalísima e inimitable, poniendo por delante su irregularidad constante, sin faltarte razón, ojo. En el fondo, no es cuestión de pros o antis, sino de reconocimiento a una figura única, genial e irrepetible en la historia de la tauromaquia. No por triunfos absolutos (ahí están las estadísticas), no por regularidad cada temporada (vuelven a estar las estadísticas), sino por una personalidad distinta, marcada, sin copiar a nadie que, en conjunción con el toro, ofrecía una obra, a mi juicio, irrepetible. ¿Quién no hubiera deseado contemplarla cada tarde?

¿Y cuáles son algunas de sus obras? Sin ir más lejos, aquella media en la Feria de Abril de 2013las dos orejas del año pasado al cuvillo Dudosito, la amargura del toro al corral, tras una buena faena o ya, más lejano en el tiempo, aquel 2009 con un monumento al toreo de capa en Las Ventas, con Alboroto, un juanpedro, u otro juanpe, Señorito, ese mismo año, en La Maestranza, donde tragó paquete, como reza el argot taurino. O 2007, con la portagayola a un cuvillo. Muchos le achacan falta de valor. Nada más lejos de la realidad. Busquen en vídeo lo citado anteriormente.




Poseo vagos recuerdos acerca de cuándo obtuve consciencia sobre José Antonio Morante Camacho. No en sus comienzos, desde luego, pues, cuando tomó la alternativa (Burgos, 1997), no llegaba aún a los cuatro años de edad. Bien fue más adelante, final de adolescencia y entrada en la edad adulta, junto a mi padre, observando con ignorancia las corridas del Plus, con la virginidad de elementos técnicos necesarios para enjuiciar el acto de la lidia. "Mira qué arte tiene", decía. Por no hacer el feo, asentía, pero algo había: una chispa en mi interior, un movimiento en el estómago, los vellos como escarpias. El capote volaba y yo, también. El riñón roto, un derechazo y transmisión a raudales. ¡Cuántos matadores más desfilaron más en aquella feria! ¡Y no pude olvidarlo!

Cuando escuchas cantar a Camarón de la Isla, te toca el alma y ya no te suelta. Pasan los días y aquellos quejíos se reproducen automáticamente hasta comprando tomates en el supermercado. Cuando sientes torear a Morante, que no ver, la vida, lo circunstancial, los árboles de alrededor y la fachada de tu casa han mutado hacia un color más vivo, alegre, sevillano. Agarras la primera toalla a la vista en la vivienda y citas a tu yorkshire terrier cuatreño para pegarle tres verónicas 'templás' y, como colofón, una media abelmontá. En mis trece, continuaba obcecado en aquel, de patillas paquirescas, coleta natural y fumador habitual de puros habanos. Queriendo saber, conocí. Compré revisteros antiguos, visualicé vídeos de faenas antológicas (alternativa en Burgos o Puerta del Príncipe de 1999), leí entrevistas, reportajes, compré carteles y todo lo digno de ser devorado. Un catedrático puede no haber conocido personalmente al personaje objeto de su tesis doctoral, por motivos espaciotemporales, y no por ello carece de sapiencia sobre aquel. Bebí hasta la última letra y, sin conocer, desgraciadamente (para mí) de manera personal a José Antonio, mi tesis doctoral se titula morantismo y, con todo el orgullo, aún hallase inconclusa, en tanto la carrera del genio, de momento, parece estar en pause, que no finalizada. Su pasión por el boxeo (donde visitó a campeones mundiales como Canelo Álvarez o Margarito), más que compartida, por cierto. Su inclinación hacia el Real Betis Balompié, pues ya se sabe: en Sevilla, o del Real Betis o del otro, nada de Madrid y Barcelona. La obsesión por aquel traje de luces visto en el mercadillo de la Calle de la Feria. Felicísimo día cuando por fin lo trajeron los Reyes. El juego al toro en plena calle, a mitad de los ochenta, cuando los chavales querían ser Maradona, Míchel, Gordillo o Cardeñosa, junto a su primo Juan Carlos Morante, mozo de espadas en la actualidad. Las primeras corridas en La Maestranza, aupado a los brazos de su padre, fingiendo el sueño, para intentar pagar una en vez de dos, hasta que un buen día, José Antonio, con seis-siete años, bastante crecidito, hubo de decepcionarse al ver su estrategia derruida. De las primeras becerras, en La Puebla del Río, con aquella pureza, tan suya, en máxima efervescencia ("me gustaría volver a torear como cuando era niño", adaptando una frase de Pablo Ruiz Picasso), a soltar reses de tu propia ganadería en el mismo lugar donde comenzó todo.

No podría etiquetar una fecha exacta de origen a mi morantismo. Sí describirlo. Ser morantista, además de admirar al hijo de Pepi Camacho, quien compró su primer traje de luces, desbaratado y descosido, en el mercadillo de El Jueves, es una forma de vida. Taurómacamente, la pureza: inexistencia del término medio. Si el toro me gusta, cumbre. Si no me gusta, petardo. Una característica harta complicada de comprensión para ciertos públicos, pero destiladora de la inexistencia de adulteración populista, tan patente hogaño en la fiesta. Ningún artista pintará un cuadro aceptable diario por obligación o imposición circunstanciales. Con Morante, en ocasiones, vislumbramos pinceladas, finas, con pintura de calidad y, casi nunca, un óleo sobre lienzo completo. El acabóse, en ese caso. También, sobre el albero, recordar a tus mayores y estudiarlos. La torería, además de sentirse tal independientemente del lugar, no es una pose, la pinturería o una vestimenta x, sino querer conocer quiénes ejercieron mi profesión antes, desde Pedro Romero, Pepe-Hillo hasta Antonio Chenel o Curro Romero, pasando por Rafael el Gallo, Joselito el Gallo, Juan Belmonte, Marcial Lalanda, Chicuelo, Pepe Luis Vázquez, Cagancho o Manolete. Que Arjona tire una foto en 2017 y observes a Gallito hace ciento tres años, acariciando el pitón suavemente, quiere decir que hay ahí torero, torería y una esencia clásica, completamente huérfana, a raíz de la retirada. La repudia al modus operandi de Escuela de Tauromaquia, por clonificar técnicamente, sin alma, a las futuras figuras de esto, como si de una fábrica japonesa de robots se tratara. Morante fue, es y será personalidad, única y exclusiva, sin atisbos e influencias de "coaches" del toreo. El don del temple en un estadio superior, inigualable, ante mis ojos, a día de hoy. Sentirse lo que se es dentro y fuera, sin complejos por la depravación de los valores éticos actuales.

Fuera del albero, sin trastos, búcaros y estoques, morantear es la bohemia. Sentirnos gentes de otro tiempo, más cómodos un siglo atrás, en los cafés de tertulias, escribiendo a máquina, fumando Montecristo, bebiendo coñac, sin Whatsapp, Facebook ni Instagram. El desprecio a la sociedad capitalista y su vitola de rentabilidad por encima de todo, más allá del sentimiento y la pureza de uno mismo. La melancolía de lo que fue y, quién sabe, algún día regresará. También la esperanza: soñar con el futuro, sin dejar atrás la nostalgia del pasado, aquello conseguido tiempo atrás e incapaz de superar a posteriori. La sensibilidad por el arte, el gusto por la cultura. El respeto a los antiguos, su conocimiento, jerarquía y poso. La reivindicación de los valores antaños, no en el ámbito político, sino social: patio de vecinos, cante por bulerías, sevillanas e ir a ver la corrida de TVE a casa del vecino, pues sólo él tenía televisión en todo el bloque. Juntar a abuelos, primos, tíos, padres y hermanos en una misma mesa, hablando sobre el último petardo de Curro, la enésima lesión de huesos de Antoñete y la idiosincrasia del "CurroBetis".


A pesar de los pesares, un privilegio poder presenciar esta tarde

Ayer, tan fatídico, comenzó con mañana de ensoñaciones. ¿Podrá ser hoy? ¿Y si le valen? El runrún mental desde primera hora del día, confirmado vía charla ulterior con cuatro aficionados en un bar de las afueras de la plaza. El Juli (cinco orejas y un rabo), cumbre, pero no pudo ser. Iba a ver al otro, a mi torero, al mío y, con abulia y problemas que sólo sus más allegados conocerán, sorprendió la pasividad ante un quite al banderillero de la cuadrilla de Julián, además del papel con sus tres cuvillos. Los tendidos, de uñas, vociferando los típicos "aprende, Morante", "sinvergüenza", "déjaselo al sobresaliente". La pretensión de observar un espectáculo montado en tu interior y no contemplar ni la mitad es realmente dura. No por el monto económico, al menos, en primer plano, sino el costo emocional, la factura de la ilusión.

Decía Juan Belmonte: "El que quiera más, que vuelva mañana". Volviendo hacia Sevilla, a eso de las doce, saltó Molés confirmando el bombazo: "Morante se va". Tampoco quise oír mucho más. Algo de presidentes o veterinarios, que si el toro grande... Declaraciones en caliente, fuera de lugar la mayoría. Hasta cierto punto, lógico: tu rival, en el mano a mano, pasó a doscientos por hora y usted ni pudo arrancar el coche. El orgullo y el ego del artista comportan de tal manera en incontables situaciones.


Morante y la soledad de la última tarde | Galleo del Bú

Si, por remota casualidad (no lo creo), leyera algún día esto, maestro, sólo queda agradecerle su torería, dentro y fuera de su lugar de trabajo. Sus petardos, pues de ellos salí cabreados, perjurando no acudir más a la plaza para verle, para después volver a caer; y sus éxitos, no de orejas, que también, sino de creación artística, esto es, hondura, profundidad, sentimiento y transmisión a alguien que, sobre todo, con los vuelos de su capote, llevó a aficionarse al mundo "abirragado y entrañable", como decía Camilo José Cela, de los toros; y a ahondar en su personalidad, dimes y diretes. A pesar de haberlo saludado un par de veces escuetamente y cruzar un "suerte" con el correspondiente "gracias", usted, vestido de luces, y yo, en el tendido, hemos hablado más allá de lo estipulado verbalmente. Sólo me queda desearle una pronta recuperación. Vuelva cuando quiera y se encuentre a gusto. Muchos, servidor en primera fila, le estaremos esperando.



Un morantista.

viernes, 11 de agosto de 2017

La tauromaquia de Goya (II)

Francisco de Goya y Lucientes | Portada de los Caprichos

                                        Historial del serial







II. Otro modo de cazar a pie 
"Del mismo modo, en esta estampa se insiste en la violencia casi salvaje y primitiva de los hombres 'prehistóircos' enfrentados con el animal en un escenario abierto que aquí, con la mancha de arbolado del centro, adquiere importancia y profundidad considerable. En la testa del toro derribado y en su figura toda, deja ya Goya un soberbio ejemplo, que ha de repetir luego, de su perfecto conocimiento del animal taurino"
PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso. "Goya: Caprichos – Desastres – Tauromaquias – Disparates" (1ª ed., Fundación Juan March, Madrid, 1988. Pág. 138) 







III. Los moros establecidos en España, prescindiendo de las supersticiones de su alcorán, adoptaron esta caza y arte, y lancean un toro en el campo 
"Siguiendo casi al pie de la letra el texto de Moratín, Goya acepta plenamente la afirmación – que otros historiadores discuten – del entusiasmo musulmán por la fiesta del toros. Como Lafuente Ferrari ha señalado, el pintor, a la hora de buscar un traje de moro para vestir a sus personajes seudohistóricos, se vuelve hacia los mamelucos que trajo Napoleón, lo que obliga a pensar que estas láminas no pueden ser anteriores a 1808"
PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso. "Goya: Caprichos – Desastres – Tauromaquias – Disparates" (1ª ed., Fundación Juan March, Madrid, 1988. Pág. 139) 

martes, 8 de agosto de 2017

Quilates, toreo y establishment


Si usted oficia de matador de toros o novillero, además de poseer quilates en las muñecas, esto es, cadencia, compás, temple y un gran gusto ejerciendo su profesión, no piense en torero. Échese las manos a la cabeza cuando le halaguen por presunta torería, ya escasa, tanto dentro como fuera de la plaza. Carece de importancia. Sería mejor copar portadas de papel cuché, contrayendo nupcias con cualquier famosilla de medio pelo o, visto el desarrollo del establishment taurómaco, pegar un 'pelotazo' con alguna aristócrata. Retírese y no juegue más la vida en vano. A los mandamases, sin afición a esto y pensando sólo en dinero, no le importa lo más mínimo, maestro o futuro maestro.

Dentro de este mundo, impresiona la suprema facilidad para ser aficionado, por encima de ganadero, empresario, apoderado y, por supuesto, matador. Desde nuestra pasividad, ausencia de crítica, autocrítica y, a veces, falta de empatía con el de ahí abajo, ignoramos la cara be del atrezzo, donde no existen fincas, contratos, ocho trajes nuevos cada temporada, ni tentaderos caídos desde la copa de un árbol. Buceando en el escalafón, topamos de bruces con una realidad, para algunos, merecida y, para otros, inmerecida. Tampoco nos colocamos en el lugar de ganaderos de encastes old-fashioned, reivindicados por el fundamentalismo torista a quemarropa y sin vender más de tres corridas, o festivales, en plazas de tercera categoría. O un apoderado independiente, fuera del establishment, como Néstor García, quien gestionó la carrera del malogrado Iván Fandiño (QEPD). Volveremos a ambos más tarde.

En estos tiempos, multitud de frases han quedado grabadas en rincones recónditos de mi pensamiento. Vuelven, se van y vienen: "en mis tiempos, los triunfadores de Sevilla, entraban en Madrid y, si allí culminaban igualmente, aparecían contratos hasta en la sopa", comentaba un gran aficionado, con quien mantengo tertulias asiduamente. Inmediatamente, replicaba: "ya, eso en tu época; ahora, las cosas no funcionan así".

Leyendo una entrevista a Álvaro Acevedo, sensacional periodista de Cuadernos de Tauromaquia, queda más patente la putrefacta situación actual: "porque el sistema va en contra del apoderado independiente y hay que eliminarlo. La aglutinación de toreros de clase alta, media y baja hace que el orden habitual de la fiesta esté alterado. El apoderado independiente desaparece. No es que rompa una figura y lo coja una gran empresa, es que se pegan tortas por apoderar a toreros de tipo medio. Apoderas, por ejemplo, a seis, y les hace, entre todos, por ejemplo, 100 contratos. Le liquidan 20.000€ brutos de media y cuando le quitas la cuadrilla, comisión, viajes, vestidos... a lo peor hay que decirle a la cuadrilla que se va a quedar sin cobrar varios sueldos o que tienen que torear, para que salgan las cuentas, por un fijo al año. Sin embargo, al empresario-apoderado-comisionista sí le salen las cuentas: 100 corridas, a 20.000€, son 2.000.000€ y sólo un 10% de comisión (a veces, el 15%) son 200.000€. Para ellos, un buen negocio. Los toreros acaban reventados y, además, estando en sus manos, abaratan los carteles, se intercambian los toreros, marginan a los que no están en el sistema... Es terrible".


Pepe Moral, en San Fermín | @ppmoral

La lista de matadores, marginados por el sistema, está repleta, pero con todos mis respetos a Juan del Álamo (triunfador en este San Isidro), Gonzalo Caballero (quien brillara el año pasado en Santander y no respetaron absolutamente nada), Antonio Ferrera (entrando en las ferias, pero en carteles de segundo nivel) y otros tantos restantes, quiero reivindicar la figura de Pepe Moral, por afinidad a su tauromaquia, en primer lugar; por méritos propios, para continuar; y, en tercer y último lugar, por torero de esta tierra tan fecunda en diestros de categoría, Sevilla, pues las raíces siempre influyen.

El 'Caso Moral' ejemplifica, a la perfección, la depravación de valores éticos y morales en la sociedad. La tauromaquia, como parte de esta, manquerrabien algunos, no es impermeable y se ve afectada. ¿De qué hablamos? Ausencia de meritocracia, importancia de lo económico, por encima de todo, pérdida de la esencia añeja, castiza, clásica, y, por supuesto, un enchufismo tan caciquil como recalcitrante, con la figura del empresario-apoderado como bandera. Este asunto debiera ser legislado por quien le correspondiera. Difícil lo veo, pues los paladines de la tauromaquia en el hemiciclo no ostentan más que una defensa superficial, suficiente para captar los votos del sector.

A principios de la entrada, he adjuntado, a mi juicio, una faena cumbre de Pepe en la pasada Feria de Abril, con Amapolo, de Miura. Última corrida del ciclo. 7 de mayo de 2017. Hierro sevillano, 175 años desde su fundación y tres matadores de la provincia: el propio Moral, Antonio Nazaré y Esaú Fernández. Rápidamente los de Zahariche desarollan sentido, por lo que realizarle una faena aseada, con temple y gusto, se antoja imposible. Ese día pudo ser. 

Analicemos lo acontecido en el vídeo: El palaciego recibe con una larga cambiada en tablas, seguido de tres verónicas con un vuelo garboso y dos medias abelmontás, acabando con una revolera. En varas, gallea (recuerdo, un Miura) de manera excelsa, aunque finalmente no quedara en suerte, pues el toro continuó encelado en el engaño. A comienzo de faena, toreo en ocho (uno reunión y otro expulsión) para sacarlo a los medios, con ayudados por bajo, rodilla flexionada, y pases de pecho muy templados. La seriedad y clase de Sevilla siempre valora detalles de esta clase, ignorados en otros cosos. Sacar a los medios toreando, sin tirones, simboliza torería e implicación desde el primer momento. Fuera de querencia, muleta con la izquierda y culminación de la obra. Tres naturales a cámara lenta. Erróneamente, pasa a la mano derecha, para regresar en última instancia al mejor pitón. Allí, como antes, cumbre. Falla la colocación de la espada, por eso se privó (para algunos, injustamente) del par de trofeos y la consecuente apertura de la Puerta del Príncipe. La presidenta ejerció su potestad, como establece el reglamento, y ahí quedó, grabado en la memoria de buenos aficionados. Nada de matadores valerosos, con todo el mérito del mundo, con el arrimón tipo a una res de dimensiones desproporcionadas, sino consecución de buen gusto, con aroma clásico y torería.

A continuación, los mejores naturales de San Fermín. Hasta ese momento de temporada, los dos únicos contratos. ¿Para qué sirvió? Tristemente y, a los hechos me remito, para nada. La alimentación de la conciencia, el deber cumplido y mostrar al aficionado el ejercicio sobresaliente de tu profesión. En cuanto a contratos, parecen importar más, para el estamento, Rivera Ordóñez, en la temporada de su despedida, quien hace mucho aporta nada a la tauromaquia y El Cordobés. En este último, prefiero ni detenerme. No es de extrañar la devolución de la Medalla de las Bellas Artes por parte de Paco Camino y José Tomás cuando también se la concedieron a Francisco Rivera Ordóñez, pues ¿cuántos matadores con mayor antigüedad mereciéronla más? Igualmente podemos extrapolar a la contratación: ¿cómo vamos a creer en esta tauromaquia, donde los dos citados anteriormente torean más que quienes conquistan plazas importantes? ¿es esta la fiesta venidera en el futuro?

Hace unos días, Diario de Sevilla publicó una entrevista al matador, donde quedan algunas respuestas esclarecedoras: "por una parte, sí: antes de Sevilla, no toreaba absolutamente nada, pero, por otra parte, únicamente me han contratado en Pamplona y en un mano a mano, en Bélmez, con Ureña"; "a nivel empresarial, me están poniendo un poco el freno: muchos empresarios nos dieron fecha y luego nos la quitaron"; "lo conseguido en ninguna de las dos tardes ha servido para estar en Madrid, en la Feria de Julio de Valencia, ni en sustituciones"; "no pido ganaderías, sólo un hueco para expresarme y abrirme camino"; "tal como está el toreo, se necesita una empresa detrás. Está todo monopolizado. Hay cambios: yo te pongo al tuyo y tú al mío. Hace unos años me decían que no me ponían en las plazas grandes porque no toreaba. Ahora, que no me pueden poner ni cortando orejas"; "dado que, desde que tomé la alternativa, en 2009, sólo he toreado 31 corridas y nunca he llegado a sumar ni diez en una temporada, mi ilusión es pasar de 25 en los carteles que sean y merezca".


Iván Fandiño, junto a Néstor García | ABC

La sensacional entrevista de Manuel Molés a Néstor García, hace un par de noches, me instiga a culminar esta entrada. Con respecto a los seis toros de Iván en Madrid, su apoderado comenta: "hizo tres temporadas excelentes (2012, 2013 y 2014), sin manera de encontrar carteles distintos. Fue una necesidad de encerrarse con los seis toros en Madrid. Tras el fracaso, el sistema tenía que pagar aquella osadía para que se le quitaran las ganas de volver a intentarlo". Con respecto a Pamplona, además de mostrar pena por la irrespetuosidad del inexistente minuto de silencio, "le dolió más que no lo hubieran llamado, después de todo lo que dio", apostilla Néstor. 

"En Francia, fallaron las empresas; el público, nunca", comenta también. "¿Hubo vetos?", cuestiona Molés. "Hablar de los vetos... Ya te he dicho los números. A partir de los números, uno puede decidir. Lo que está claro que Iván hizo muchísimas cosas en el toreo y hay toreros con los que no se encontró. ¿El por qué? Pues yo creo que más bien habría que preguntárselo a ellos", contesta el entrevistado. Sin duda alguna, la frase más certera y verdadera la dejó en los últimos compases de su comparecencia: "Iván, en la plaza, hizo muchas cosas, pero fue un icono de otras fuera de ella. Representó unos valores que no existían y, entonces, muchos toreros que empezaban, se querían parecer a Iván, por la forma que logró conseguir adonde llegó".

Así está esto. La fiesta se enfrenta a dos frentes: el exterior, con animalismo y ecologismo ignorantes (realmente y, créanme, el menos preocupante); y el interior, con el clientelismo decimonónico, digno de Cánovas, Sagasta y la Restauración que los parió. En este ámbito, entra en juego el aficionado, con buen criterio y exigencia por vitola. No creo en la desaparición de las corridas de toros, como auguran los pesimistas militantes. Al menos, donde realmente se hallan fuertemente arraigadas por tradición (Sevilla,  Madrid o Bilbao), pero, sin exigir la integridad adecuada al sistema, esto es, todo el estamento (empresario, ganadero y matador), La Maestranza o Las Ventas terminarán dando orejas como cualquier coso de la Costa del Sol.

viernes, 4 de agosto de 2017

La desnudez de Paco Ureña


Puedo caer en loa fácil, aunque me niego. Con lo sucedido en Valencia este pasado 22 de julio, debiera hacerlo, pero quisiera retrasar más atrás la máquina del tiempo. Marcho hacia un 4 de octubre de 2015. Feria de Otoño. Paco Ureña, dos años atrás, casi, era desconocido por el gran público, parte esnob, parte de grandes estrellitas. No es figura (en camino va), eso sí: a raíz de aquella tarde, las tornas cambiaron para mejor. Me juego una mano y no la pierdo.

Si de aquello hace dos, de su confirmación, hace cuatro. De su alternativa, once. Con este galimatías numérico, queda patente la travesía espinosa del lorquino: doctorado tardío (veinticuatro años), confirmación ídem (siete temporadas para confirmar, con treinta años) y un número de festejos demasiado escaso. A pesar de querer verlo así, no todo en el toreo es hollywoodiense, con grandes emolumentos, promoción a raudales, revistas del corazón y participaciones en el mundo de la moda. Paco es la reivindicación del matador underground, emanado desde la catacumba de la marginación, a golpe de tauromaquia personalísima y especial transmisión al tendido.


Valencia, veintidós del siete del diecisiete. Gladiador / SCP

De lorquino a murciano, misma región, Ureña y Murciano, un Adolfo Martín, conjugaron el verbo torear. En su anterior del lote, tras palizón y ulterior visita a enfermería, el traje rosa chicle y oro quedó ensangrentado. Salió a responder. Seguro intuyó lo venidero. La lidia completa puede encontrarse en internet. He decidido resaltar un único fragmento, pues muestra la autenticidad de un matador. Parafraseando a Juan Belmonte: "si quieres torear bien, olvida que tienes cuerpo, se torea con el alma; como se sueña y juega, como se baila y canta". Vistió de luces, pero aun así, estaba desnudo, pues la muleta era dirigida por su ánima. Los pies juntos y el posicionamiento de frente ante la res (remembranzas de Chicuelo, de la Alameda, residencia de grandes toreros). El contacto directo con el piso, sin zapatillas intermediando, como si la arena venteña insuflara inspiración. La templanza en los naturales. Qué mano izquierda. 

De pecho y desplante torerísimo. Ureña rompió a llorar, conocedor de este oficio, siempre bello, romántico y algunas veces tanto ingrato. Saboreó las mieles del éxito verdadero por primera vez. El tiempo ha demostrado que no ha sido la última. Una tauromaquia de quilates, con pureza, temple y valor, no puede diluirse entre las medianías insípidas. The show must go on.

martes, 1 de agosto de 2017

Los 'dibujos' de Las Ventas


Al igual que la prohibición en Islas Baleares inspiró mi anterior entrada, la dichosa reforma de la Monumental de Las Ventas y su aparente reconversión en un pabellón de básket, estilo NBA, no iba a ser menos. Hasta cuándo habrá que seguir padeciendo la ignorancia de un poder político, completamente desconocedor del valor, ya no sólo de la tauromaquia como paradigma filosófico, social y cultural, sino de un declarado BIC (Bien de Interés Cultural), como el coso madrileño.

No está relacionado el mantenimiento de una infraestructura importante que, por cierto, se antoja necesario, como ha demostrado la periodista Julia Rivera con pruebas gráficas, con la pérdida de esencia. ¿Alguien imagina a Las Meninas, de Velázquez, o La familia de Carlos IV, de Goya, restauradas con estilo cubista? No creo. Igual sucede: prostituir el aroma y la parsimonia de un patrimonio cultural debería estar tipificado en el Código Penal. Cinco años de cárcel, al menos.


Chavales trepando por los 'dibujos' | El Cossío

A modo reivindicativo, en mi maremagnum personal de vídeos, libros y variedades, encontré la foto reseñada arriba en el primer tomo de El Cossío, acompañada de un texto de Don Gregorio Corrochano y, además, acudí a uno de mis lugares preferidos de peregrinación audiovisual taurómaca: el reportaje de Canal + Toros a Antonio Chenel 'Antoñete', donde Molés esboza su trayectoria en una hora de duración, charlando distendidamente y, sobre todo, con el de Ventas pisando suelo patrio: el patio de su casa, donde creció viendo a los grandes diestros de posguerra (Pepe Luis Vázquez, Manolete, Marcial Lalanda o Domingo Ortega), el túnel de cuadrillas (esta expresión me recuerda a Chapu Apaolaza) y las afueras del coso.

En este último lugar gustaría detenerme. El mechón blanco del toreo, con su maestría, torería y casticismo únicos, relata aquellos años duros, con cartilla de racionamiento, hambre y represión a los "rogelios", como parte de su familia, trasladada a Alicante y Castellón, hasta 1939, por motivos ideológicos, hasta el final de la contienda civil. Chenel no encontraba problemas para acceder (residía en el patio de la plaza junto a un par de familias, entre ellas, su hermana y su cuñado, Paco Parejo, mayoral), pero el resto de chavales, con ganas de ver a los dioses de luces de la época, apañaban una ruta por un lateral, aprovechando el estado precario del ladrillo para escalar, en primer lugar, y el detalle a modo de mosaico, después. 

"De tan hecho como lo tenía de chaval, si me quitara los zapatos, ahora mismo lo haría igual porque, para mí, esto es parecido a subir por unas escaleras", apostillaba el bueno de Antonio. Qué diría, estando aquí, en los micrófonos del Plus, del proyecto de Madison Square Garden venteño, con asientos de plástico y cheerleaders entre toro y toro.

martes, 25 de julio de 2017

Tauromaquia, cultura y política

Vicente Barrera, toreando un festival a favor de las milicias antifascistas, en 1936 | Finezas

A modo de preludio, huelga decir la cabida de esta entrada en mi pensamiento hace algún tiempo, no su desarrollo. Éste se ha visto precipitado por varios factores: el principal, la prohibición de la fiesta en Islas Baleares, unido a la pasividad de gran parte del estamento taurino (excepto unos cuantos buenos aficionados) y, sobre todo, un tweet repugnante del señor Iglesias Turrión, tan ignorante en la historia de la tauromaquia y su relación con la izquierda que debería producirle sonrojo.

Cualquier ámbito de la cultura se superpone a toda ideología política. El mundo del toro no se circunscribe sólo a la aristocracia o el pensamiento liberal, conservador, tradicionalista o de derechas, como quienes quieren hacer ver, desgraciadamente, las formaciones políticas de ambos bandos, pues el Partido Popular (PP) ha demostrado su posición como estrategia electoral, de rédito político (y eso que votó a favor, en su día, de la desaparición de los festejos en Televisión Española), igualando moralmente al antitaurinismo militante de Podemos o PSOE. Este último cuenta con un porcentaje considerable de militancia proclive a la filiación taurina, por cierto.

¿Es el cine un espectáculo progre, a pesar de la parsimonia discursiva del humorista penoso de turno, en los Premios Goya, cargando (a veces, con razón, véase IVA cultural) contra el Ministro de Cultura correspondiente? ¡No! Hay hueco para la hipocresía de los Bardem y la caterva de actrices animalistas, acondicionadas con champú previamente testado en un laboratorio con seres vivos, y para Agustín Díaz Yanes, a favor de los festejos taurómacos.

Las primeras oposiciones a las corridas de toros llegaron en 1567, con Felipe II gobernando y España como potencia mundial absoluta. Una bula papal (con la Iglesia hemos topado), "Salute Gregis", rubricada por Pío V, ordenó su inhabilitación. El monarca, preocupado por la actitud del pópulo, ignorante intencionadamente ante la normativa, entabló correspondencia con Gregorio XIII, siguiente mandamás de El Vaticano, para la derogación de la Gregis: la mayoría de juicios inquisitoriales fueron provocados por correr los toros.

Aún, en tiempos de lidia a caballo, aristocrática, con vestigios de aquellos lanceos de entrenamiento en plena Reconquista contra el moro. Conforme avanza el XVIII, los chulos de a pie, hasta ahora auxiliares, ante el desinterés señorial, optaron por la ostentación de la vitola del protagonismo. Vaya, cualquiera afirmaría una proletarización de las capas populares, finalmente consolidada algunos años después. En los 1700, con la Guerra de Sucesión de por medio, el cambio dinástico trajo al Borbón, tan afrancesado, ilustrado de salón y contrario a aquel costumbrismo ajeno a su procedencia. Felipe V, en 1723, retomó la misión papal dos siglos atrás. Con poco éxito, pues su sucesor, Fernando VI, ante el caso omiso, levantó la ley seca a medias, escudando la celebración exclusivamente en motivaciones hospitalarias o caritativas como, por ejemplo, la financiación de hospicios. 


Retrato de Pedro Romero | Francisco de Goya

El empeño del árbol genealógico no cesó. Carlos III, a través del Conde de Aranda, y Carlos IV (este último, en 1805), continuaron la política fraticida y, durante esta época, aparecieron tres nombres propios en nuestra semblanza: Pedro Romero, Joaquín Rodríguez 'Costillares' y José Delgado 'Pepe-Hillo'. Imaginen la eficacia de la legislación.

Resulta curioso observar cómo José Bonaparte, hermanísimo de Napoleón, principal artífice de la invasión francesa en nuestro país (1808-1813), preside incluso corridas de toros, a modo de baza popular en pos de su aceptación. La conjunción entre ideas revolucionarias y redecillas sevillano-rondeñas no chirriaron. No mucho más tarde, Francisco de Goya y Lucientes, reconocido partidario de las ideas ilustradas y finalmente exiliado en Burdeos (Francia), retrató a Romero y Costillares, con su atuendo característico, además de litografiar, entre otras temáticas, La Tauromaquia (1816).

En 1869, promulgada una nueva Constitución (en palabras de María Victoria López Córdon: "no sólo era la más liberal en la historia de España hasta ese momento, sino a nivel europeo, con claras influencias del texto norteamericano"), se celebró un festejo conmemorativo. El malogrado Raúl Gracia 'El Tato' perdió la pierna en aquella simbólica tarde.


Belmonte, junto a miembros de la Generación del 98, como Valle Inclán o Sebastián Miranda

Hasta este punto de la historia, más bien ha podido apreciarse la diversidad política yacente en el acervo, escaseando lo cultural, exceptuando Goya. A partir de Juan Belmonte, de la tauromaquia floreció su interrelación con otros ámbitos considerados reputados en la sociedad. La Generación del 98, bautizada de tal manera por su afán regeneracionista ante el desastre de finales de siglo, con la pérdida de Cuba y Filipinas ante Estados Unidos, no dudó en achacar el taurinismo como uno de los males en el retraso de la patria. El surgimiento del Pasmo y su revolución, no sólo técnica, sino en la figura del matador, amén de su interés por la literatura y otras artes, llamó la atención de personajes ilustres como el dramaturgo Ramón María del Valle Inclán, los pintores Ignacio Zuloaga, vasco; Julio Romero de Torres, cordobés, quienes inmortalizaron en lienzo a Juan; o Sebastián Miranda, quien lo esculpió. La fotografía vista más arriba corresponde a una reunión homenaje en 1913, año que el trianero tomó su alternativa a manos de Machaquito.


Belmonte, posando junto al retrato de Romero de Torres | ABC


Otro retrato de Juan | Ignacio Zuloaga


Zuloaga, vistiendo al Pasmo en su reaparición. Nimes, 1934 | Agencia EFE

El gran rival del hijo del quincallero fue José Gómez Ortega 'Joselito El Gallo', completamente opuesto técnicamente a su oponente, pero sumamente complementario. El de Gelves, de etnia gitana (condición en su contra por los prejuicios de la época), sin declararse abiertamente socialista o inclinarse al izquierdismo, pretendió una popularización incipiente mediante la construcción de Monumentales, esto es, cosos con mayor aforo en las grandes capitales de provincia con el objetivo de abaratar el papel y, de esta manera, un acceso más posible para la masa obrera. Imposible olvidar la efímera Monumental de Sevilla.

Prosiguiendo en el hilo del tiempo, encontramos la Generación del 27. ¿Por qué se nombró así? Sencillo: gracias a una reunión organizada, en el Ateneo de Sevilla (año 1927),  a causa del tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, por un tal Ignacio Sánchez Mejías, matador de toros, cuñado de Joselito, periodista, escritor, literato, Presidente del Real Betis Balompié y amante de la cultura en todo su conjunto. De sobra conocidos son grandes poetas: Federico García Lorca, quien escribió, literalmente: "el toreo es la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar". Entre su producción poética, encontramos "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", dedicada de manera póstuma tras su muerte, en 1934. Para más inri, fue fusilado dos años más tarde, en su Granada, por "socialista, homosexual y espía ruso" junto a dos ¡banderilleros! anarquistas, militantes en la CNT. Previo a la muerte de Ignacio, otro poeta, gaditano, Rafael Alberti, realizó el paseíllo junto al matador en Pontevedra, compuso un poema a Joselito y, en la Transición, ostentó un escaño en la bancada del PCE. Miguel Hernández, el hijo del cabrero, combatió en la Batalla de Teruel del lado republicano y mantuvo una gran amistad con José María de Cossío, escribiendo, de su puño y letra, parte primordial del famoso tratado. En 2017, con el intento coercitivo del antitaurinismo sectario, intentaron prohibir un homenaje a su figura en el cartel de las Feria de las Hogueras alicantina.


Homenaje a Miguel Hernández | hogueras.com


Domingo Ortega, a hombros por milicianos republicanos | Finezas


Guernica | Pablo Ruiz Picasso

Alberti, junto a Bergamín en Las Ventas | Archivo DYFO

La del 27 suele relacionarse con la Guerra Civil (1936-1939) y, esta, a su vez, ha servido como punto de revanchismo y beatificación de una facción. Nada más lejos de la realidad. La ignorancia histórica desconoce el enrolamiento de profundos republicanos en las milicias falangistas o viceversa, por necesidad de supervivencia vital o protección familiar, más allá del paladinismo ideológico. Tampoco las Brigadas Internacionales repartieron rosas en la trinchera o los nacionales canturreaban el cara al sol, únicamente. Una guerra significa sangre y muerte, por ambas partes, sin beatificaciones sesgadas para aumentar votos. La misma reprobación moral merece Guernica (momento reflejado, a su manera, por el marxista Pablo Ruiz Picasso, amante de la fiesta) que Paracuellos del Jarama. 

Fascistas y antifascistas, sí, ambos, celebraron festivales altruistas para la financiación de tropas. A pesar de la posterior apropiación ideológica del franquismo, Vicente Barrera, Domingo Ortega, Rafael El Gallo o El Niño de la Palma mataron para la causa azaño-prietista y otras figuras posteriores, como Manolete o Pepe Luis Vázquez, en el bando opuesto. La primera foto de la entrada corresponde a Vicente Barrera y existe otra, también presente, del borojeño Ortega a hombros. También, personajes destacables como "Litri II", "Fortuna" o "Parrita", defendieron sus ideas en la "Brigada de los Toreros", encuadrada en la 96 Mixta, Ejército Republicano.


Homenaje a Manolete. Año 1944. Restaurante Lhardy.


Orson Welles, en barrera de La Maestranza | El Mundo

Charles Chaplin, en la Plaza de Toros de San Sebastián | ABC


Hemingway, junto a su admirado Antonio Ordóñez | Periodista Digital


Che Guevara. Plaza Vistalegre. 1959 | Libertad Digital

Terminó aquella criminal contienda. Un país devastado, analfabeto en su mayor parte, cartilla de racionamiento para comer y dos salidas viables para enriquecerse: torero o futbolista. La derrota del eje en 1945, finalizando la II Guerra Mundial, provocó el paulatino acercamiento a Estados Unidos tras el fracaso del fascismo y la autarquía. Falangistas y carlistas desocuparon puestos de responsabilidad y los tecnócratas reemplazaron. Esta evolución geopolítica viose reflejada también en lo concerniente a muleta y estoque: de aquel homenaje a Manolete, en 1944, rodeado de grandes intelectuales sustentadores del nuevo régimen, como Pemán, Fernández-Cuesta o Agustín de Foxá, al curioseo de los yanquis con ese espectáculo tan ajeno para su cultura de final feliz y tragedia tibia. Orson Welles, Ava Gardner, James Dean o Ernest Hemingway, todo un Nobel de Literatura, visitaron con asiduidad más de una plaza. El último destacó por su especial idilio con Ordóñez y Pamplona, popularizando San Fermín a nivel internacional. De toros no sabía en exceso, manque sus publicaciones en torno a la temática estén, para mi gusto, erróneamente entronizadas. Luis Miguel Dominguín y su hermano Pepe, el más comunista de los tres, descendió de una familia tradicionalmente marxista y jamás ocultó su filiación, incluso financiando al PCE en la clandestinidad y, en 1959, con la venia del régimen, invitó a Guevara a la Plaza de Vistalegre.

José Luis Parada, en Huelva, nunca ocultó su comunismo | Arjona

Muerto Franco, sobrevino la incertidumbre: Transición. La legalización de Comisiones Obreras (CCOO) o el Partido Comunista de España (PCE) destaparon, sin complejos, como ocurriera en plena Guerra Civil, querencias personales e intransferibles ocultadas, años atrás, por motivación política. Así, matadores como Gregorio Sánchez (fallecido este mismo año y maestros de El Juli) o mi venerado Antonio Chenel 'Antoñete', no repararon su colaboración en pos de la financiación de la sección taurina (sí, taurina) de Comisiones Obreras, en sus filas con numerosos banderilleros y matadores sin grandes triunfos, lugar propicio para discusiones sobre la socialización en la gestión de los cosos, los trusts empresariales, los impagos, las actitudes caciquiles de los mandamases...

El PCE, a finales de los 70, incluyó sin complejos un festival taurino en las actividades del Día del Partido. Es más, la fotografía inferior a este párrafo muestra a unos cuantos militantes sacando a hombros, por el ruedo de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, auspiciada por Enrique Martín Arranz, a Santiago Carrillo. En la instantánea superior, José Luis Parada, siempre comprometido con la causa y estandarte de la ideología en los paseíllos: muchos relatan su paseíllo con el puño levantado.



Santiago Carrillo, saliendo a hombros en la Fiesta del Partido del PCE, en la Escuela de Tauromaquia de Madrid | Archivo DYFO




 Salvador Dalí, en el tendido | ABC


 Cela, en el burladero | taurophilos



Vargas Llosa, en la Plaza de Acho | peru.com



Fernando Botero, junto a sus lienzos de temática taurina | Jet-Set



José Tomás, vistiendo al Che Guevara | Cuchilladas



Sebastián Castella, haciendo lo propio | Del toro al infiinito

De los últimos años a esta parte, la relación de la fiesta con el exterior ha decaído, en parte, debido al animalismo ignorante incipiente. Una cosa no exime la otra. Camilo José Cela, Premio Nobel, pronunció una de las frases más inspiradoras: "el toreo es un arte misterioso, mitad vicio y mitad ballet. Es un mundo abigarrado, caricaturesco, vivísimo y entrañable el que vivimos los que, un día, soñamos con ser toreros". Falleció en 2002, mas pervive otro Nobel con ganas de defender lo nuestro: Mario Vargas Llosa. El novelista hispano-peruano se deja ver en los tendidos cada vez que puede. De pintura, todo un Salvador Dalí. Palabras mayores. Y Fernando Botero, cuyo estilo me desagrada enormemente. En la canción, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat y Miguel Bosé, vástago de Luis Miguel Dominguín e icono LGTB. En cuanto a matadores, el hilo del toreo (Pepe Alameda dixit), José Tomás, quien ignoró a Juan Carlos I al no brindarle, y Sebastián Castella, reivindicando a Ernesto Guevara, continúan rompiendo el tópico del toreo de derechas. Eso sí: son los tiempos más difíciles para ser matador de toros y comunista.

No soy quién para oponerme a algún tipo de pensamiento, excepto el de la ignorancia y el desconocimiento. Mucho más, al ser intencionado. La tauromaquia siempre ha tenido a favor y en contra a tirios, troyanos, fascistas, republicanos, católicos, ateos, comunistas, socialistas, anarquistas, liberales, conservadores, homosexuales, heterosexuales, transexuales, gitanos, germanos, españoles, hispanoamericanos, estadounidenses, pintores, poetas, dramaturgos, novelistas, científicos, barrenderos, funcionarios, amas de casa y padres de familia. Basta ya de demagogia barata. La cultura no está al servicio de ninguna causa política. Entérense ya.

martes, 18 de julio de 2017

Inspiración




"Ya no estás más a mi lado, corazón,
en el alma sólo tengo soledad,
y si ya no puedo verte
porque Dios me hizo quererte
para hacerme sufrir más.

Siempre fuiste la razón de mi existir
adorarte, para mí, fue religión
y en tus besos yo encontraba
el calor que me brindaba
el amor y la pasión.

Es la historia de un amor
como no hay otro igual
que me hizo comprender
todo el bien, todo el mal,
que le dio luz a mi vida
apagándola después,
ay, qué vida tan a oscuras,
sin tu amor no viviré..."

Diego EL CIGALA – 'Historia de un amor' (Álbum "Dos lágrimas", 2008)





Dos excelentes vías de inspiración. Mujer y plaza de toros. Ni todas las féminas, ni todos los cosos, claro, pero, cuando disfrutamos de esa conjunción interna, tan armoniosa como mágica entre mente, cuerpo y alma; y externa, con esa atmósfera digna de Edén, viajamos hacia un estado de imposible descripción mediante palabras.

Ni siquiera en este círculo perfecto sincroniza todo como debería. Hay tardes buenas, con la Puerta del Príncipe medio abierta por Morante, como en aquel 1999, cuando aún éramos niños, y tú sólo has salido del hotel con propósitos de cumplir expediente: acompañarme por vergüenza torera, regresar tras las dos horas y pico reglamentarias, con gente alborotada de por medio, imitando a Talavante por naturales, como locos, y au revoir mutuo en la suite 174, contigo durmiendo en la cama de última generación y, yo, en la bañera hidromasaje.

Otras vespertinas antológicas, con medio tendido dedicándome miradas de odio, por acompañarte, soy todo un Felipe II y los diez mil tíos restantes (sí, incluso los chaquetas de primera de barrera), mis súbditos, llanos inferiores de su católica majestad. Aunque el diestro, encerrado en solitario por su décimo aniversario de alternativa, indultara dos reses de Palha y cuatro de Miura, el triunfador de la tarde continuaría siendo un servidor. Aun así, nunca se pierde la esperanza de redondear, pero nada: los de ahí abajo, toro y matador, no han acomplado sus mutuas querencias.

La tarde, bienllamada perfecta, aún no ha llegado. Se esperará algún día, si gusta acercarse de soslayo. Cuando Manzanares indultó a Arrojado, con Curro Javier, Juan José Trujillo y Blázquez de cuadrilla top, no te conocía. Y ahora, bueno, ahora... ¿Volverán tan magnánimos triunfos a nuestra Real Maestranza?